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Los problemas lingüisticos de los orígenes

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Los problemas lingüisticos de los orígenes

Mensaje  uhura el Vie 22 Mayo - 22:53

"Si hay algo que el prehistoriador lamenta no conocer en la vida de los seres que estudia es la lengua, el vehículo de comunicación obligado entre seres racionales, el que resume toda la cultura que un pueblo alcanzó. Por su índole, la palabra hablada desaparece tan pronto se ha emitido si no es recogida por un oído que la transmita a los órganos que pueda interpretar el sonido captado. Se nos escapa, pues, irremisiblemente.

Tan sólo la palabra cobra valor para el prehistoriador cuando se logra fijar mediante la escritura, verdadera revolución intelectual sin la cual nos hallaríamos todavía en plena edad de la piedra. Pero tal revolución es muy moderna; acaso no cuente con más de 5000 años de antigüedad, esto es, unas 170 a 200 generaciones. Queda fuera de ella la mayor parte de la vida de la humanidad. Sin embargo, sólo el análisis de los idiomas escritos, el estudio de la onomástica y la toponimia, que muchas veces son reliquias de tiempos lejanos, nos permite intentar rehacer la historia del lenguaje.

Una primera y larga etapa sería la del paso de un rudimentario lenguaje inarticulado, que los animales poseen en mayor o menor grado. Sin duda, este paso podemos imaginarlo en los estadios de los australopitécidos o de los pitecantrópidos. No existe base cierta que permita imaginar un sistema lingüístico fundamentado en onomatopeyas que constituyeran el sustrato de nuestro sistema babélico de lenguajes. Ha habido teorizantes que han imaginado que ciertos sonidos simbolizarían determinados seres o acciones; así, por ejemplo, la m estaría ligada a la idea de agua o líquido. Pero esta hipótesis no ha permitido ir muy allá en el cambio de la comprensión del fenómeno lingüístico.

Si se examina el comportamiento de los animales, se observa en algunos la facultad de expresar estados simples de su existencia: temor, hambre, amor: esto se logra, generalmente, por medio de gritos o entonaciones diversas.

Cabe pensar que los australopitécidos, por ejemplo, se hallaban en esta fase. La capacidad cerebral de los pitecantrópidos y la posibilidad de que ellos fueran los autores de las bellas hachas de mano obliga a pensar que su sistema no podía hallarse en un nivel tan rudimentario y que debieron de poseer un sistema de lenguaje articulado, aunque rudimentario y con una fonética primitiva.

Con el paleolítico medio estaríamos también ante una lengua o lenguas bien definidas, pues no sabemos si a la unidad cultural mústero-neandertaliense correspondía también una unidad lingüistica o no. En todo caso, a todos parece evidente que la gran riqueza artística del paleolítico superior no hubiera sido posible sin la posesión de un lenguaje articulado, ya rico y complejo.

Si procedemos a la inversa y buscamos entre lenguas que hoy podemos escuchar en pueblos primitivos, nos encontramos con grupos, como los pigmeos, que han adoptado las lenguas de sus vecinos. En cuanto a los bosquimanos, que hablan uno de los lenguajes que se supone más arcaicos, tienen una fonética llena de clics, chasquidos y sonidos raros. Pero el hecho que los etnólogos han podido comprobar, no sin cierta sorpresa, es que esos pueblos, contra lo que se creía, poseen lenguajes complicados, vocabularios muy ricos y gramáticas elaboradas. Es decir, se hallan lejos de la supuesta simplicidad idiomática. Caso clásico es el de los aborígenes fueguinos (yagán), gente que por su cultura material se hallaba en un escalón muy bajo y que, sin embargo, tenían unos 30,000 vocablos en su idioma. Por su parte, la lengua de los navajos de Estados Unidos posee 36 consonantes y 8 vocales, dos pronombres de tercera persona en singular, etc.

No es posible explicarse la historia del lenguaje con argumentos sencillos y pensando en una evolución lineal de lo simple a lo complejo. Las cosas han sucedido con mucha mayor complicación. Incluso las grandes tendencias de las lenguas modernas afines entre sí pueden divergir por completo. Inglés y alemán son lenguas íntimamente relacionadas y, sin embargo, en el inglés hay una innegable tendencia al monosilabismo y a la falta de declinación y en el alemán un frecuente proceso de aglutinación y polisintetismo.

A pesar de las dificultades que parecen insalvables, los lingüistas intentan descubrir las afinidades ocultas entre tantos y tantos idiomas con la esperanza de aclarar su genealogía. Para ello han empleado el método comparativo y así han agrupado todas las lenguas conocidas en grandes familias o troncos lingüísticos, lo que teóricamente había de llevarnos al lenguaje primitivo, a un protoidioma. Por desgracia, la mayoría de idiomas conocidos no han sido escritos y, excepto para los troncos occidentales, podemos remontarnos sólo a épocas recientes..."

Fte: Los orígenes. Historia Universal. Edit. Salvat.

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Re: Los problemas lingüisticos de los orígenes

Mensaje  uhura el Sáb 23 Mayo - 18:46

...Para superar estas y otras dificultades, acaso no queriendo los lingüistas quedar rezagados frente a los investigadores de la prehistoria, en la revelación de etapas remotas de culturas han surgido los esfuerzos, realmente audaces, de algunos investigadores. La máxima difusión en este aspecto de los estudios antropológicos la ha tenido en las últimas décadas el método de la llamada glotocronología, que emplea la estadística en el léxico, cuyo gran propagandista fue el profesor norteamericano Morris Swadesh, que en los últimos años de su vida trabajó en la Universidad Autónoma de México.

Swadesh se basó en la existencia de un vocabulario básico en el que normalmente figuran formas lingüisticas sencillas que corresponden a objetos o situaciones individuales que se reiteran en la vida normal y corriente. Con el tiempo, ese vocabulario básico va siendo sustituído.

Swadesh, basándose en troncos lingüisticos muy conocidos como el latín y sus lenguas romances y tomando como base un vocabulario fundamental de 200 valores, encontró que la proporción, que supone constante, de retención sería de un 81% por cada milenio, aproximadamente. Si aplicamos este resultado al análisis de lenguas que por el método comparativo sabemos emparentadas entre si podremos llegar a una cronología aproximada de las sucesivas divisiones del tronco originario. Un ejemplo lo tenemos en las lenguas najaho y kutchin, ambas de la familia atapasca, pero la primera en el suroeste de Estados Unidos y la segunda en el Canadá. Por compartir todavía ambas el 70% de las voces se deduce que hace unos 850 años que se separaron, al emigrar los navajos hacia el Sur.

Es admirable lo que Swadesh consiguió en una selva impenetrable como parecían ser las lenguas americanas. Sus paralelos nos dan antigüedades de milenios y casi parece que puedan llevarnos a conocer las lenguas que los inmigrantes asiáticos aportaron al vasto continente que iban a poblar.Ya no quedan aisladas las de Sudamérica de las de Norteamérica, pues entre ambas mitades se cruzan lenguas cuyo parentesco podemos establecer con el audaz método que hemos descrito.

Pero, por desgracia, un análisis de este tipo deja menos satisfecho al historiador que el que nos proporciona el físico, el químico y el naturalista en la cronología de la Tierra y del hombre, aún reconociendo que estos últimos no se han resuelto todos los puntos débiles de sus métodos. Y seguimos dudando que la palabra, que voló al momento mismo de surgir de una boca humana, revele todo su secreto al historiador, que con ello pierde lo que más quisiera conocer y que sólo atrapa cuando la milagrosa escritura permite fijas la expresión vocal.

L.P.

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